Con una cara que se la pisa, el todavía presidente del CF Barcelona se niega a dimitir , a pesar de que más del 60% de los socios aprobaron el voto de censura para que se fuese. Aprendiendo de sus amiguitos políticos puso al mal tiempo buena cara, se ha aferrado al sillón y ha prometido “un nuevo proyecto que ilusionará al barcelonismo“. El dia de las votaciones, había demostrado que se había aprendido la lección cuando dijo que “votar contra la censura es apoyar la libertad”.
O sea, los que me apoyan son demócratas. Los que me censuran no. La ley del embudo y el embuste en estado puro.
Pero lo que la mayoría quiere está muy claro: ¡Váyase!